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Ascanio: latin jazz multilenguas Convencido de que la música y los discos tendrían que ser escuchados y nada más, sin contarlos, muchas veces tengo la duda si entrevistara algún músico. Luego reflexiono un poquito y digo que vale la pena porque detrás de la música hay siempre un hombre con sus motivaciones, sus aspiraciones artísticas, pero también sentimientos y pasiones que no es fácil (o, a veces, no se quieren) transferir en el pentagrama. Escuchando ejecuciones embrolladas con atmósfera de grandes fascinaciones y sabores, sazonadas con sonidos electro-cósmicos de rock-jazz y funky, como las que hacen cabecita en los discos firmados por Ascanio Scano (Morrocoy, 2006; Sacúdelo, 2008) me ha parecido de percibir un background - musical y de experiencia - muy interesante, que va más allá de la música latina.
GFG: Empezamos con una sintética “carta de identidad”. AS: ”Nací en Nuoro (Cerdeña, Italia) en 1957. En familia escuchábamos música: mi padre tocaba el acordeón, mi abuela cantaba y tocaba la mandolina, los primos de mi padre tenían una agrupación. A los dos años de edad mi familia se mudó por Velletri (Lazio), así que crecí cerca de Roma, pero me siento cien por cien sardo. Me acerqué a la música cuando tenía 9 años, haciendo teoría y solfeo, luego, el año siguiente, empecé a tocar piano clásico con un profesor. A la edad de 14 - 15 años intentaba reproducir fielmente los temas de los discos de los grupos rock que me gustaban como Banco del Mutuo Soccorso, PFM, etc. Siempre en aquel periodo tocaba con un grupito, Corte dei Miracoli. Escribíamos temas propios. Eran canciones interminables de rock sinfónico. A los 18 años empecé a frecuentar la escuela de Saint Louis Jazz Club de Roma, donde enseñaba el profesor Amedeo Tommasi, que toco diez años con Chet Baker. De Tommasi he recibido las bases jazzistica yestoy muy obligado con él porqué nos hacía digerir las cosas de una manera placentera”.
GFG: Antes de atravesar el océano, cuales son las experiencias que maduraste? AS: A los 18 años ingresé por primera vez en los estudios de RCA para grabar con los Odeon, una band que intentaba interpretar a los Blood, Sweat & Tears. Recuerdo que, en el bar de RCA, encontraba músicos de géneros distintos, entre ellos Lucio Dalla, Renato Zero y Gianni Morandi. Hice dos giras con Rita Pavone, también con Pappalardo, la primera gira de Anna Oxa, luego de su primer San Remo, entre otras. La música era mi trabajo, tenía que ganar; pasé momentos muy duros pero siempre he seguido adelante. En 1984 me fui para Venezuela. Había conocido en Italia mi primera esposa, venezolana, y decidimos (Yo he insistido más que ella) irnos a Caracas con nuestro hijo. El primer año tuve problemas porque no conocía a nadie, no lograba ingresar en el mundo musical venezolano y casi quería volver a mi país. Pero un día encuentré a Roldan Peña, un guitarrista que había participado en el grupo Esperanto, con muchos discos a su activo. El se había cansado de hacer música y se dedicaba a la programación de computadoras. Me hizo escuchar su música, yo la mía, y eran muy similares no obstante la distancia de diez mil kilómetros entre nuestros mundos. Desde allí hemos empezado, con un baterista, a tocar jazz en trío y, desde entonces, empezaron a conocerme y no he parado de trabajar. Durante seis años hice doce discos como arreglista, he tocado con todos los músicos más afamados de allá y, cuando llegaban artistas de México, yo hacía la dirección de su grupo, muchisimos jingles, mucha TV, todo lo que un músico puede hacer. He vivido los mejores años de mi vida profesional.
GFG: El idioma musical que llevaste en Caracas era el jazz rock, el pop o ya tocabas latino? AS: Antes de irme por Venezuela, en mis composiciones había siempre percusiones, congas, bongos... pero no tenía idea de como se construyera salsa, merengue y latín jazz. Luego, quedándome allá por siete años... modestia aparte … he tocado con talentos como Carlos “Nené” Quintero, el tío de Roberto y Luisito Quintero, dos percusionistas maravillosos. Además he trabajado con el extraordinario pianista Otmaro Ruiz y con muchos otros. Tocando con la banda de Sergio Pérez hemos compartido el palco del palacio del deporte de Caracas con Irakere de Chucho Valdés y Rubén Blades.
GFG: Y seguiste hasta 1991, el año que volviste a Europa. Como ha sido tu regreso? AS: Después de 7 años he tenido que reempezar. Cuando se me presentó la ocasión de una gira de dos meses por España con el venezolano Carlos Mata, llegué a Italia. He retomado los contactos que tenía en Padova y, a final de ‘92 y empezar de ‘93, me fui a tocar con Barrio Latino. Seguimos hasta 1996. Con aquella agrupación he puesto en práctica todo lo que había aprendido en Venezuela, porque, en realidad, con las bandas venezolanas nunca he tocado salsa como pianista, sino con Sergio Pérez; yo con mi teclado hacía todos los instrumentos de viento, lo que pasó con Mezcla Latina. Luego hice jingles, y en 1996 he tocado por un año con los Batistococo, música latina cantada en veneto, escrita para ellos. Con ellos he grabado el álbum “Camoma”.
GFG: Cuéntanos de tus últimos diez años de música. AS: Sigo haciendo el arreglista de latín jazz o de música ligera, lo que llega. Hablando de los conciertos, toco con la banda Mezcla Latina, música para bailar, y con mi grupo Morrocoy, latín jazz. “Morrocoy” es también el titulo de mí primer disco, que salió a final de 2006.
GFG: En aquel disco hay “Cuafriti”, una composición con una inspiración particular que toma punto de partida desde un canto “lucumi cruzado”, una mezcla de elementos yoruba de la Santería con el Cordón, una variación del espiritismo. Porque estas citaciones, hiciste estudios particulares, eres santero o..? AS: “Cuafriti”, que significa Cuba-África-Haití, es una de aquellas cosas que me han quedado de Venezuela donde hay estas religiones populares. No soy santero, respeto a todas las religiones, pero estoy interesado solamente desde el punto de vista cultural.
GFG: Tu último disco sencillo, “Sacúdelo”, tiene unas trazas “purificatoria”, espiritual? AS: “Sacúdelo” es atado a mi situación personal. Cuando tienes un pensamiento que no te deja, llegas a un punto que te miras al espejo y dices: “Basta, quítate esta cosa de encima”. Este es mi Sacúdelo. Esta entrevista salió en el mensual L'Uovo di Colombo, octubre 2008, editado en República Dominicana
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